Domingo, 03 de abril de 2005
La celebración al final de los azulgranas no fue nada corriente. En un partido abierto, de muchas incidencias, golpes y hasta invasiones de campo, un gol del Varilla González hizo la diferencia
Una vorágine de sucesos. Así se puede describir el Caracas-Maracaibo de ayer, que terminó con una victoria para los azulgrana (0-1). Celebraron como si ya pudieran dar la vuelta olímpica, porque estos puntos valen oro y los dirigidos por Carlitos Maldonado lo saben. El Brígido, finalmente, fue vulnerado luego de largo tiempo.
Pasó de todo. Desde un partido abierto de ida y vuelta, pasando por un pulso cerrado, hasta conatos de golpes y una invasión de campo por un aficionado kamikaze. Sin duda, no faltó emoción.
Toma y dame
Maracaibo empezó alzado y Caracas le devolvía los ataques. Guillermo Beraza probó con una media vuelta poco ortodoxa y Daniel Noriega respondió con una media volea que hizo héroe a Angelucci. Y apenas iban tres minutos.
Así fue toda la primera mitad. Daniel Arismendi (m.13) tuvo un mano a mano, pero Cafú perdió por lento. Al rato, Gamadiel García se la dio a Carpintero (m.26), quien la bajó en una jugada circense y sacó un remate que le silbó al palo izquierdo de Angelucci.
Edgar Jiménez empezó con su recital. El juvenil le dio un pase inmejorable a David McIntosh (m.41), quien marró la mejor ocasión. Maracaibo lo buscó bastante, pero no disparaba al arco de un tranquilo Javier Toyo.
La mitad de otro partido
E n el segundo tiempo, todo cambió. Al inicio cambió porque Maracaibo buscó el gol, hasta que Andreé González se iluminó. Varilla (m.55) vio movido a Toyo y, con una calma pasmosa, le colocó un zurdazo en cámara lenta al segundo palo. El meta caraquista no llegó y encajó el gol mortal.
Al ratito (m.59), Caracas asustó. Un disparo de Gamadiel se estrelló en el palo derecho del batido Angelucci. Gritos al cielo del chileno.
Desde allí, Carlos Maldonado pensó que debía amarrar el resultado y sacó a dos perros de presa a morder en la mitad del campo. Formó una línea de tres volantes defensivos, dándole entrada a Gregory Luzardo y Juan Fuenmayor.
Caracas respondió formando un 3-2-3-2, con las entradas de Rafael Castellín, Jorge Casanova y Miguel Romero. Cuando Spiderman se enchufó, llevó peligro. Allí, lo empezaron a moler a patadas, provocando las amarillas del árbitro y la ira de un fanático rojo, que se lanzó a vengar una agresión de Fuenmayor sobre el ariete capitalino. La seguridad falló y el partido se fue poniendo tenso, con encontronazos continuos entre los jugadores.
Los locales se abalanzaron y el visitante aguantaba. Maldonado gritaba por el pitazo final y, cuando llegó, Maracaibo celebró con euforia loca. Saben que los tres puntos valen demasiado.
fuente: diario Líder
Por: Francisco Perez | Fútbol | Comentarios (0) | Referencias (0)
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